Sala 1. Origen de las sevillanas

El origen de la sevillanas estaría a mediados del siglo XV en los años previos a la llegada de los Reyes Católicos. En unas composiciones llamadas “seguidillas castellanas”, que con el tiempo fueron evolucionando. El baile fue añadido en el siglo XVIII, hasta evolucionar a los bailes y cantes de las actuales sevillanas.

 

El mismo año de su fundación, llegaron a la Feria de Sevilla con el nombre de “sevillanas”. Pero legalmente no se reconoció el término por la Real Academia Española de la Lengua, hasta el año 1884; momento en que se incluyó en el diccionario de la lengua española.

 

La Sevillana, definida por Manuel Machado como “la copla graciosa y tierna donde hasta las palabras danzan y juegan”, fue fruto de ralentización de los compases de las zarabandas desenfadadas de la Sevilla del Renacimiento y que, a partir del Siglo XVII, se transformó en la Seguidilla que se bailaba a coro en el Barrio del Arenal de la capital andaluza para pasar posteriormente, a recorrer los distintos caminos que han desembocado en el palo flamenco que es actualmente. En el poema del Conde de Noroña titulado La Quincaida, de 1779, aparecen ya las sevillanas como estilo independiente de seguidillas, estilo que aparece muy documentado en todos los bailes celebrados en Sevilla en el siglo XIX influido de forma notable por la escuela bolera de esta época.

El nombre actual, sevillanas, es relativamente tardío, si a finales del siglo XIX todavía se les llamaba como lo que son en el fondo: seguidillas. Así lo rescatamos de una preciosa página de La hermana San Sulpicio (1889), donde la mirada del escritor asturiano Palacio Valdés se recreó en las delicias del contoneo que encendió al protagonista en amores irresistibles por la monjita: "De pronto, los cuatro pares de palillos chasquearon con brío, las bailadoras abrieron los brazos y avanzaron una hacia otra y se alejaron inmediatamente, levantando primero una pierna, después otra a compás y con extremado donaire (...) El cuerpo de las dos primas tan pronto se erguía como se doblaba, inclinándose a un lado y a otro con movimientos contrarios de cabeza y de brazos. Éstos, sobre todo, jugaban un papel principalísimo, unas veces para presentar el pecho con aire de desafío, otras recogiendo del suelo algo invisible, que debían ser flores". Casi se podría aprender a bailarlas con esta descripción, donde ya queda registrado lo fundamental, incluido aquello que nuestras abuelas enseñaban a sus nietas, mujeres hoy: "Niña: recoger, oler, y tirar", para adquirir ese abaniqueo de brazos tan característico.

Como todo palo flamenco, la sevillana juguetea y bebe de distintos estilos musicales y, en sus inicios, compartió losas de salones nobles de casas de alta alcurnia junto con el Bolero pero, como suele ocurrir casi siempre, al hacer el pueblo suyo estos compases, de tres cuerpos subdivididos en tres tercios, comenzó a cantarse en Ferias, Cruces de Mayo o Romerías y transformándola a los cánones con los que hoy se conoce si bien fue a mediados del siglo pasado cuando llega la revolución definitiva de la sevillana. La estructura formal de las sevillanas es común a todas la variantes: introducción-salida-vuelta-salida-vuelta-salida-cierre, y entre las variantes más cultivadas destacan la boleras (tradición de la escuela bolera), de las cruces de mayo, corraleras (patios vecinales), bíblicas (con letras referentes al Antiguo testamento), camperas, marineras (de los barcos que bajan a Sanlúcar), litúrgicas (Nuevo Testamento), de feria, rocieras (dedicadas a la Virgen del Rocío, con gaita-flauta y tamboril), toreras, romeras,..

 

A mediados del siglo pasado, la Sevillana tiene su eclosión, en detrimento de las tonadillas de postguerra y surgen entonces nuevas voces, generalmente en grupo, intérpretes y autores conscientes de la evolución de otras manifestaciones artísticas que no dudan en buscar otros caminos a aquella sevillana decimonónica que no podía quedarse como un bello fósil en el estrecho molde de una seguidilla. En la década de 1950 hacen aparición los primeros discos por sevillanas, sus pioneros fueron Los hermanos Toronjo, dos hermanos del municipio onubense de Alosno que tal vez ni imaginaran al principio lo que supondría para el futuro el registro de sus canciones. Sus sevillanas se hicieron míticas, conocidas como "bíblicas", después se decantaron por dedicarle sevillanas a la Virgen del Rocío y su romería.

A los pocos años, aparecieron en este campo de las sevillanas Los hermanos Reyes, originarios de Castilleja de la Cuesta. Con ellos llegó la revolución a las sevillanas, incluyeron cambios como la diversidad completa en la melodía, sin repetir de una sevillana a otra. (Fuente: Flamenco.one, Flamencomanía.es y elpais.com)

A continuación desarrollamos una línea en el tiempo, basándonos en el año de la primera grabación (de sevillanas) de los diferentes grupos y solistas (según nuestro archivo) que han ido emergiendo en el género. La aparición será por riguroso orden alfabético.